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La moral Kantiana: Estudio Crítico.

En la presente obra crítica, trato precisamente del intento kantiano por demostrar la realidad de la libertad. Kant propone la existencia de un orden cognoscitivo práctico, definido precisamente como uno en el que opera la libertad (11). El problema se plantea como la demostración de la realidad de la ley moral, poniendo a la base de èsta el concepto de la libertad. La realidad de la ley moral, dice Kant, proporciona un hecho que anuncia y determina positivamente un mundo puro del entendimiento y con ello, confiere a la causalidad por libertad realidad objetiva (12). Entonces, en virtud de esta implicación recíproca entre libertad y ley moral, la primera es propuesta como hipótesis que ha de verse confirmada sólo si se logra demostrar la realidad de la última. Por cierto que el mismo carácter hipotètico debe atribuirse a ese orden cognoscitivo antes aludido, el conocimiento práctico, ya que su legitimidad dependerá directamente del èxito de la demostración propuesta.

Tal como se explicará en seguida, el argumento trascendental pertinente comienza por justificar la posibilidad de un uso práctico para la razón. Kant sostiene que cuando se piensa prácticamente algo como real, se tiene la certeza inmediata de que a las categorías aplicadas les corresponde, en esa relación, un objeto. Es precisamente esa certeza inmediata la que justifica la aplicación práctica de las categorías y otorga significación y sentido al pensamiento. Se considera luego la posibilidad de la ley moral. Para responder al problema planteado por la posibilidad de una causa necesaria y universal de determinación de la voluntad, pero causa no natural sino libre, Kant desarrolla los conceptos de «imperativo categórico», «deber» y «formalidad de la ley». Este último concepto da lugar a una extensa consideración, repetida en las dos obras èticas kantianas e ilustrada con numerosos ejemplos, sobre los criterios de prescripción moral, esto es, la contradicción lógica y la contradicción práctica. En relación con la posibilidad de la ley moral, el pensador trata tambièn los problemas planteados por la necesaria exclusión de la sensibilidad en cuanto fundamento en toda determinación moral.

La reflexión precedente prepara el camino para pasar a considerar directamente la realidad de la ley moral. En relación con esto, quedan claramente excluídos toda demostración teorètica y todo recurso a la experiencia, precisamente por tratarse de una causalidad por libertad (13). Pero esto no obsta para que Kant afirme la realidad de la ley moral, haciendo presente que, tan pronto como formulamos máximas de la voluntad, tenemos conciencia inmediata de un fundamento de determinación supremo en relación con las máximas propuestas y con la determinación de la voluntad a ellas. «La ley moral es dada como un hecho de la razón pura, del cual nosotros a priori tenemos conciencia», afirma el filósofo (14). De manera que así queda cerrada la demostración trascendental kantiana y probadas la realidad de la ley moral y de la libertad y sobre esta base, mediante un argumento adicional, postuladas la inmortalidad del alma y la existencia de Dios.

Sabemos que el argumento kantiano, por el cual el pensador cree probar la existencia de un orden cognoscitivo práctico y la realidad de la libertad, ha sido objeto de gran controversia desde el momento mismo de su publicación. Es imposible de ocultar que la demostración ofrece numerosos puntos obscuros y difícilmente comprensibles, entre ellos particularmente la solución propuesta para la tercera antinomia, el argumento del paso a los fines y la realidad del «hecho de la razón», aspectos todos imprescindibles dentro de la línea discursiva kantiana. Otras partes de tal demostración han sido censuradas y hasta ridiculizadas por innumerables autores, como es el caso de algunas consecuencias de la aplicación de los criterios de prescripción y tambièn la exclusión de los sentimientos de las determinaciones morales. Pero hay que decir que muchas críticas se han originado en una defectuosa interpretación de la doctrina kantiana o en la consideración de elementos empíricos, todo lo cual las invalida por completo. De manera que para esos puntos poco claros han sido propuestas diversas explicaciones y para los otros problemas mencionados, se ha hecho presente el error respectivo, es decir, la mala interpretación o el elemento empírico que sustenta la censura. Por todo ello, podría decirse que el argumento trascendental kantiano se mantiene relativamente firme luego de más de dos siglos.

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6 PREAMBULO. La filosofía crítica kantiana parece recibir su impulso inicial y su orientación general de dos decisiones fundamentales, que quedan expuestas ya en las primeras líneas de la Crítica de la Razón Pura. En primer lugar, dice Kant, la razón humana tiene «intereses supremos», es decir, «cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por su misma naturaleza» (1). Estos intereses tienen el carácter de «problemas cuya solución constituye el objetivo final de la razón» o de «fines supremos no subordinados a ninguno otro interés superior» (2). Kant nos hace saber que los intereses supremos son tres: la libertad de la voluntad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. Respecto de estos problemas la razón humana busca pues una solución, la que no consiste por cierto en un mero saber, sino que muy por encima de ello, es un «saber qué hay que hacer» si hay realmente libertad, inmortalidad y Dios (3). Pero esto es sólo una parte de la primera decisión fundamental a que me he referido antes. La otra parte, que completa dicha decisión y le confiere toda su fuerza, es ésta: tiene que ser posible para la razón alcanzar sus objetivos supremos. «Tiene que haber en algún lugar una fuente de conocimientos positivos pertenecientes al ámbito de la razón pura (...) que, de hecho, constituyan el objetivo de los afanes de la razón», dice el pensador (4). De manera que Kant realiza su tarea crítica teniendo como meta final el adquirir conocimientos positivos respecto de la libertad, inmortalidad del alma y Dios. Estos conocimientos tienen que existir y se trata sólo de aplicar el método correcto para encontrarlos. Ahora bien, si la razón humana busca sus intereses supremos y el conocimiento sobre éstos existe, lo primero que debe considerarse es si ellos no han sido ya alcanzados después de más de dos milenios de filosofía metafísica. Esta es precisamente la materia que Kant se plantea a continuación y es también la segunda decisión fundamental que adopta: ¿se ha avanzado algo hasta el momento en el intento por alcanzar aquellos intereses supremos? ¿Es que la razón humana ha logrado establecer la libertad, la inmortalidad y la existencia de Dios como realidades y ha podido señalar con precisión lo que hay que hacer puesto que esto sucede? Por el contrario, sostiene el pensador, la metafísica se ha desarrollado en medio de obscuridades y contradicciones y reina en ella un desacuerdo generalizado, muestra este último de que respecto de los intereses de la razón, no se ha hecho más que andar a tientas (5). Por consiguiente, teniendo en cuenta el carácter superior del problema, no cabe aparentar indiferencia ante el fracaso experimentado, sino por el contrario, resulta imperativo recurrir «a un tribunal que garantice las pretensiones legítimas de la razón» y que sea capaz de poner las leyes eternas e invariables de la misma, allí donde hasta el momento sólo ha habido «arrogancias infundadas». Este tribunal, dice Kant, es precisamente el de «la crítica de la razón pura», es decir, el de la crítica «de la razón en general en relación con los conocimientos a que puede aspirar prescindiendo de toda experiencia» (6).

Tesi di Laurea

Facoltà: Filosofia

Autore: Francisco A. Velasco Montt Contatta »

Composta da 96 pagine.

 

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Disponibile in PDF, la consultazione è esclusivamente in formato digitale.